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Museo Roma-Condesa

La Arquitectura

La Arquitectura.

 

El carácter de un pueblo se refleja en los espacios artificiales entre los cuales transcurre su historia. La arquitectura, como parte fundamental del paisaje urbano, puede contarnos mucho acerca de la situación de quienes la habitan, y al mismo tiempo, nos explicara hacia donde se dirigen quienes la eligen. Si observamos cuidadosamente los espacios que nos rodean, ¿no nos dicen estos algo acerca de nuestra propia vida como habitantes de la ciudad?. En una metrópoli como la nuestra, la arquitectura refleja nuestra complicada historia: el crecimiento descontrolado de la urbe, los difíciles obstáculos de la economía y las “extrañas” políticas gubernamentales.

 

En algunas zonas de la ciudad, como en la Condesa y la Roma, la arquitectura nos recuerda un pasado mejor, donde el poder adquisitivo y el crecimiento ordenado permitieron una cierta armonía urbana. Los estilos arquitectónicos que se siguieron en aquellas épocas nos explican también hacia donde mirábamos cuando pensábamos en el futuro. En aquellas primeras décadas del siglo XX nuestro modelo a seguir estaba todavía en el viejo continente. Mucho ha cambiado en estos años el paisaje de la gran urbe, pero todavía tenemos la posibilidad de observar en calles y avenidas los recuerdos de otros tiempos y otras aspiraciones.

 

El Art Déco.

Durante los años veinte surgió en Europa un movimiento que hoy llamamos Art Déco. Originalmente el Déco nació como una respuesta a las preocupaciones de los diseñadores que se vieron enfrentados por primera vez a una sociedad moderna cuyos intereses y capacidades abrían nuevos caminos para el diseño. Fue en estos años, mientras Europa creía haber alcanzado la paz y la estabilidad que desde Paris el mundo conoció el novedoso estilo moderno que más tarde llamaríamos Art Déco. El éxito del movimiento moderno se vio reflejado principalmente en la arquitectura y el diseño industrial y su proyección lo llevó a cruzar fronteras y continentes alcanzando a todos los países que por aquel entonces gozaban de cierta prosperidad económica e industrial.

 

Desde los primeros años del siglo XX los diseñadores y arquitectos europeos habían mostrado su interés por revalorizar el diseño puramente decorativo que hasta entonces era considerado como un arte menor y de segunda. Más allá de la funcionalidad del objeto estos artistas consideraban al diseño en sí como un fin y sus productos eran casi obras de arte. Poco a poco, a partir de sus inicios y hasta su expansión a Estados Unidos y el resto del mundo, y gracias en parte a los altibajos económicos, el movimiento Déco se popularizo y llego a las masas.

 

La “Exposition Internationale des Arts Decoratifs et Industrials Modernes” fue el gran escaparate de las nuevas tendencias del diseño europeo. Los diferentes grupos, que representaban las naciones del viejo continente, rivalizaron por demostrar que desde sus países el nuevo estilo imponía tendencias. En los grandes pabellones los detalles modernos señalaban las coincidencias de un estilo que no tardaría en importarse hasta América. Eso que hoy llamamos Art Déco se impuso en la gran exposición de 1925 de la que más adelante tomaría su nombre el movimiento moderno.

 

El diseño Déco es una mezcla variada de estilos pero con sellos particulares que permiten su fácil identificación. La geometría es la base del diseño, con sus líneas simples y bien trazadas, sus colores vibrantes y sus patrones que suelen repetirse una y otra vez. Además, el Art Déco se inspira también en la naturaleza, insertando figuras humanas y animales pero limitándolas dentro de las líneas geométricas. Se trata pues de una serie de características que demostraron ser lo suficientemente flexibles para permitir la adaptación fuera del viejo continente sin perder la esencia original: lineal, dinámica y vertiginosa.

 

La expansión del Art Déco tuvo éxito gracias a una industria que estaba preparada para las grandes masas. Se trata de un momento clave en el que una nueva clase media con poder adquisitivo empieza a demandar objetos de lujo a precios razonables. Gracias a la aparición de nuevos materiales como el cemento, los plásticos, el cromo y el aluminio, los costos de producción se reducen. Como resultado, los precios accesibles y el diseño se conjugan para satisfacer a un mercado dispuesto a pagar por el lujo. 

 

 Los muebles, la escultura, la ropa, la joyería y el diseño gráfico todos fueron influenciados por el estilo Art Déco. Es a partir de este momento que el diseño industrial comienza a valorizarse, ya no como un oficio artesanal sino como un complemento de la producción industrial.

 

Para nosotros, espectadores desde el siglo XXI, el mejor recuerdo del Art Déco se encuentra en la arquitectura que todavía hoy convive con nosotros en tantas ciudades del mundo. La principal preocupación de la arquitectura Déco esta en los efectos decorativos y no en las estructuras en sí, razón por la cual es fácil distinguir aquellas edificaciones que se crearon bajo la influencia de este movimiento.

 

Hecho de los últimos materiales, tales como plásticos, cromo y aluminio, las mercancías domésticas tenían una mirada moderna, alta de la velocidad y estaban disponibles para cada uno debido a la producción en masa. En la arquitectura, la obsesión del Art Déco por el diseño se refleja en el efecto decorativo más que en la estructura, en oposición al funcionalismo. Aunque es Europa la que impone la tendencia, es en Estados Unidos en donde mayor éxito tiene la arquitectura Déco. San Francisco, Chicago y Nueva York, con un auge económico insuperable, se dieron el lujo de construir gigantescos rascacielos cuyos exteriores muestran claramente la influencia europea del Art Déco.

 

A nuestro país llegó también la influencia del Art Déco y en la recién fraccionada colonia Condesa encontró un espacio ideal para desarrollarse. Aunque existen muestras de arquitectura Déco por toda la ciudad de México es sin duda en la Condesa en donde podemos apreciar el más amplio muestrario de esta arquitectura, cuya adaptación al estilo mexicano tuvo gran éxito entre la burguesía nacional. Principalmente fueron tres los grandes arquitectos que importaron el estilo europeo a nuestro país: Juan Segura, Francisco J. Serrano y Ernesto Ignacio Buenrostro. 

 

El Funcionalismo.

A principios del siglo xx, cuando se comenzó a superar el periodo del Art Nouveau, surgió dentro de la arquitectura moderna el concepto de funcionalismo. Basado en la utilización y adecuación de los medios materiales en fines utilitarios o prácticos, el funcionalismo prefiere la perfección técnica aún cuando esta implica sacrificar la belleza del objeto.

 

Las teorías funcionalistas toman como principio básico la estricta adaptación de la forma a la finalidad, lo cual no quiere decir que sea incompatible con el ornamento, pero si que debe justificar su existencia mediante alguna función tangible o práctica. Para el funcionalismo el deleite de la vista no es suficiente, el diseño puramente artístico debe articular la estructura, simbolizar o describir la función del edificio, es decir, debe tener un propósito útil.

 

El funcionalismo coincidió con el auge de la industria y la tecnología y gracias a ello pudo desarrollarse ampliamente. Los nuevos materiales, como el cemento, el vidrio y los metales maleables, abarataban los costos de la obra y permitían limitar el diseño a las líneas más básicas. En este sentido, el funcionalismo como el Art Déco se fueron desarrollando de manera paralela aunque proponiendo cada uno ideas opuestas. Ambos movimientos aprovecharon una situación mundial que les permitió crecer como propuestas de vida.

 

En nuestro México, el éxito del funcionalismo va de la mano con la situación que por aquel entonces vivía la sociedad mexicana. El crecimiento de la población, sobre todo en la ciudad de México, orillo al gobierno a buscar alternativas arquitectónicas que le permitieran crear grandes obras a costos bajos. El funcionalismo mexicano, que siguió sobre todo una línea socialista, resulto ser una excelente opción para esta demanda. Pero, en este caso, la arquitectura iba dirigida a una población económicamente limitada, es por eso que, en las nuevas zonas residenciales, como la Condesa, el éxito fue mucho menor. Aun así, las calles de la colonia conservan todavía hoy varios ejemplos de esta arquitectura cuyo principal interés fue siempre la utilidad de los espacios.    

 

 

El Art Nouveau

El Art Nouveau fue un movimiento artístico cuyos campos de desarrollo fueron no solo la arquitectura y el diseño industrial sino también el diseño grafico y las artes en general. Se trató de un movimiento que alcanzó a todas las artes y que supo adaptarse a las circunstancias de cada país en donde fue recibido, de manera que hoy en día, principalmente en Europa, las manifestaciones del Art Nouveau son claramente identificables como conjunto pero a la vez señalan las particularidades de la naciones que lo asimilaron.

 

El Art Nouveau busca conjuntar la utilidad práctica con el estímulo estético de los sentidos mediante la producción de objetos artesanales. En las ideas del Art Nouveau el placer estético se impone de manera absoluta sobre la utilidad del objeto. La inspiración esta en la naturaleza y sus colores, específicamente en las formas curvadas e irregulares aunque simétricas. Al igual que otros movimientos contemporáneos, el Art Nouveau se beneficia de las innovaciones tecnológicas de la época las cuales eliminan limitaciones en el diseño.

 

En México las mejores expresiones del Art Nouveau se encuentran en la arquitectura, se construyeron numerosos edificios y casas con fachadas y decoraciones interiores que retomaron elementos de dicho estilo, lo cual nos permite suponer que los modelos Art Nouveau tuvieron aceptación en la sociedad mexicana de la época por lo exquisito de sus composiciones y por su atrevimiento formal. Varios ejemplos sobreviven en la colonia Roma y el Gran Hotel de México (Ex -centro Mercantil) todavía conserva su elevador estilo Nouveau.

 

La mayor influencia del Art Nouveau en México, se ejerció en la arquitectura habitacional, cuyos mejores ejemplos se conservan en la colonia Roma, casi siempre en los exteriores se despliega gran imaginación al resaltar las fachadas por medio de volúmenes salientes, líneas curvas y elementos vegetales; los marcos de las puertas y fachadas tienen perfiles ondulantes, logrados con rebordes.

 

 

Estilo Ecléctico

Fue traído a México a mediados del siglo XIX por arquitectos europeos y algunos estudiantes mexicanos que tuvieron la oportunidad de estudiar en el viejo continente. Esta arquitectura intenta imitar edificios de épocas remotas mezclando los elementos formales y ornamentales de varios estilos (gótico, renacentista, árabe, etc.) mediante composiciones libres y caprichosas.

 

La mezcla estaba influenciada sobre todo por un neoclasicismo afrancesado junto con un neorrenacimiento italiano, a los cuales se le sumaban todo tipo de revivals románticos. Se trataba de un historicismo de la historia ajena. Algunos de los arquitectos más reconocidos por esta tendencia fueron: Arq. Manuel Cortina García, Manuel Gorozpe, Eudoro Urdaneta, Manuel y Carlos Ituarte, José G. de la Lama. Los ing., Gustavo Peñasco, Manuel Hernández Cabrera y Manuel Luis Stampa. Sus obras se localizan sobre todo en la colonia Roma, como “El Castillo de las Brujas”, edificio de departamentos situado en la plaza Rió de Janeiro 56, obra del Ing. RA Pigeon construido en 1908 y Iglesia de la Sagrada Familia  1910 (suspendida por Rev. 1913-1917) 1925 En la capilla se encuentran los restos del padre beato Agustín Pro (cristeros)

 

Años mas tarde, dentro de este confuso panorama surgió la preocupación por las raíces arquitectónicas, lo cual derivó en otros revivals, aunque más propios. Surgió el estilo neocolonial con variantes que iban desde un neobarroco hispánico hasta un estilo californiano y en un neoindigenismo que buscaba rescatar las raíces prehispánicas. Aunque existen ejemplos de esta tendencia en la Roma y la Condesa fue sobre todo en Polanco y otras zonas más recientes donde se desarrollaron ampliamente estos estilos.