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Museo Roma-Condesa

El Temblor

El terremoto de 1985.

 

Hora: 7:19

Día: Jueves 19 de septiembre de 1985

Magnitud: 8.1 grados en la escala de Richter

Energía: equivalente a 1114 bombas atómicas de 20 kilotones cada una

 

El temblor de 1985 fue una de las experiencias más traumáticas que ha vivido nuestra ciudad. Aquel 19 de septiembre los habitantes de la ciudad de México despertamos a una realidad para la que nunca podríamos habernos preparado. Fue un momento terrible pero fue también un momento clave en el crecimiento de la sociedad mexicana. Todo el país, pero muy especialmente los capitalinos, nos demostramos a nosotros mismos que teníamos una capacidad de acción que superaba por mucho a cualquier organismo del gobierno. La sociedad civil, que durante años había permanecido al margen, despertó de golpe.

 

“En gran medida, el gobierno está organizado para controlar, mantener las instituciones, el statu quo y sobre todo el poder. A partir del día 19 de septiembre resultó evidente que el gobierno quedaba a la zaga; pasaron 39 horas antes de que el presidente dirigiera su mensaje a la nación. Nadie supo lo que era el DN-III; la población quedó con la idea de que consistía en acordonar las zonas de peligro. En pocas palabras, el gobierno falló.” (Nada, nadie de E.Poniatowska)

 

México es uno de los países del mundo con mayor actividad sísmica. Se registran más de 90 sismos por año con una magnitud superior a cuatro grados en la escala de Richter. Los estados con mayor riesgo sísmico son: Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Puebla, Oaxaca y el Distrito Federal. La energía sísmica que se libera es principalmente de origen tectónico, y se produce por la subducción de la Placa de Cocos en la plataforma continental de Norteamérica.

 

 

 

En 1985, la mayor devastación, por la magnitud y características de los daños, tuvo lugar en el Distrito Federal, especialmente en las Delegaciones de Cuauhtemoc y Venustiano Carranza, dos de las áreas más densamente pobladas de la Ciudad de México. En las áreas centrales de la ciudad las ondas sísmicas tuvieron una aceleración cuatro voces mayor que las registradas en áreas periféricas. La estructura del subsuelo en esta parte de la ciudad, ubicada en la antigua área lacustre y constituida por depósitos de arcilla blanda de alta compresibilidad, y la composición topográfica y geológica perimetral determinaron una compactación diferencial de los sedimentos y licuefacción produciendo un sinnúmero de ondas que fueron activadas por la resonancia de las ondas sísmicas atrapadas en el Valle de México. El daño mayor ocurrió en esta área, al norte del Distrito Federal, precisamente localizada sobre la antigua zona lacustre donde estaba la vieja ciudad azteca de Tenochtitlan.[1]

 

Algunas construcciones se alejaron hasta 15 grados de sus ejes verticales. Según algunos observadores, la torre de ginecobstetricia y la residencia de médicos del Hospital General giraron entre 20 a 25 grados en dirección suroeste. Los movimientos oscilatorios de desplazamiento y la trepidación provocaron el colapso de edificaciones, especialmente en las edificaciones que tenían entre 5 a 21 pisos. Muchas de los inmuebles habían resistido el terremoto de 1957 y otros contaban con estructuras nuevas, acogidas a las normas de construcción antisísmica.

 

En un informe provisional del 2 de octubre, es decir, dos semanas después del sismo, la Comisión Metropolitana de Emergencia del D.F. señaló que 2.831 edificaciones habían sufrido daños estructurales de algún tipo; 880 (31%) habían quedado en ruinas; 370 (13%) eran potencialmente habitables, previas reparaciones mayores; y 1.581 (56%) eran recuperables con reparaciones menores. En total 13 instalaciones hospitalarias quedaron destruidas total o parcialmente. Es preciso señalar que fueron las que tenían seis o más pisos de altura. La mayoría pertenecían al IMSS y al ISSSTE. El sector público perdió en total 4.387 camas censables, es decir, una de cada cuatro disponibles en el área metropolitana.

Bastaron sólo dos minutos para que gran parte de la ciudad quedara en ruinas. El sismo de 8.1 grados en la escala de Richter y su fatal combinación de movimientos trepidatorios y oscilatorios devastó varias zonas de la capital. 50 mil familias perdieron sus hogares y 40 mil lesionados fueron atendidos. Las autoridades reconocieron entonces 9 mil 500 muertos, 150 mil damnificados, 53 mil edificios afectados, de los cuales 757 se colapsaron y tuvieron que ser demolidos; daños millonarios en infraestructura, vivienda y servicios públicos que paralizaron a la ciudad. Las verdaderas cifras, dice la población civil, nunca fueron reveladas.

 

La zona centro fue la más afectada, sobre todo por la condición del subsuelo. En la colonia Roma hubo varios derrumbes. Las calles de San Luis Potosí, Tonalá, Tehuantepec, Álvaro Obregón y Colima fueron las más castigadas. En San Luis Potosí y Tonalá, un edificio de ocho pisos se convirtió en montaña de escombros. El famoso multifamiliar Juárez, con sus hermosos murales de Carlos Mérida, desapareció también aquella mañana. El rostro de nuestra ciudad cambió radicalmente y sus habitantes aprendieron una lección imposible de olvidar.



[1] Crónicas de Desastres - Terremoto de México, No. 3 (Pan American Health Organization (PAHO) / Organización Panamericana de la Salud (OPS), 1985, 129 p.) http://cidbimena.desastres.hn/docum/ops/publicaciones/059/059.5.htm